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¿Economía sumergida?

¿Economía sumergida?
Los pagos en cash se han reducido sensiblemente ante el imparable ascenso de las tarjetas, ya sean de débito o crédito. Si antes extrañaba ver en España y Europa que la gente pagase pequeñas cantidades con tarjeta, ahora es normal abonar las entradas del cine o compras de poco más de 10 euros con plástico.

Además, bastantes países, Francia, Italia, Grecia, España y desde el próximo enero también Bélgica, aplican medidas restrictivas al pago en líquido de cantidades importantes para tratar de reducir el dinero negro en circulación. El Gobierno belga ha introducido un límite para las transacciones en billetes de 3.000 euros, cantidad que baja hasta los 2.500 euros en el caso de España. Esta es la horquilla en la que se mueven las limitaciones introducidas en la zona euro.

¿Cómo es posible entonces que el dinero en euros en circulación haya alcanzado una suma récord en diciembre de este año de 950.471 millones de euros (datos del BCE a 24 de diciembre), que contrasta con los 374.600 millones de euros que circulaban un año después de introducir la moneda común en las calles de Europa?. Quizás sea el miedo y el hecho de que los bancos remuneran muy poco los depósitos o, lo más probable, que haya aumentado sensiblemente la economía sumergida.

Récord de casi un billón de euros a pesar del comercio electrónico, uso masivo de tarjetas y restricciones a su uso.

En pleno auge del comercio electrónico, que este año ha crecido considerablemente en las compras de Navidad, los monederos electrónicos, las nuevas monedas y toda la parafernalia monetaria que se quiera añadir resulta difícilmente justificable que dentro de la masa monetaria en circulación sea el dinero líquido, el que aumente más aceleradamente.

El boletín mensual de diciembre del BCE relativo al Eurosistema indica unos crecimientos del 3,1 y 3,7% en septiembre y octubre (último mes con datos oficiales) de dinero en billetes, mientras que el total de la masa monetaria (M3), solamente crecía el 2 y 1,4% respectivamente, unos porcentajes bajos que han alentado el fantasma de la deflación.

La “preferencia por la liquidez” que muestra el balance del eurosistema, señalada por el propio BCE no es sin embargo explicada ni justificada por el banco emisor. Los no residentes en zona euro se calcula que puedan tener no más de una cuarta parte del total y no hay factores relevantes que expliquen aumentos considerables de su cuota, ni siquiera la inminente introducción del euro en Letonia. Este país tiene una población inferior a 2,1 millones de habitantes y por consiguiente su peso en la moneda común es marginal.

Hay más dinero en billetes de euros que de dólares

Tampoco se hace uno a la idea de que se pueda alcanzar casi el billón de euros en circulación con poco más de 300 millones de habitantes en la zona euro, ni que teniendo un canje de 1,37 dólares por euro, la moneda común ha superado claramente al dólar como número uno en circulación. Según el balance de la FED al cierre del tercer trimestre, había 1,16 billones de dólares en billetes, frente a 1,302 que resultarían los euros del BCE al cambio.

Mal se explicaría la tenencia en líquido de euros por motivos de moneda refugio, aunque lleve tiempo comportándose contrariamente a lo esperado por los analistas, que consideran al dólar como moneda más fuerte debido al mejor comportamiento de la economía estadounidense y al hecho de que se ha anunciado ya la voluntad de ir eliminando la inyección de dólares “de fábrica” en la economía por parte de la Reserva Federal.

Contrasta también el récord de dinero en billetes en circulación con los datos que aportó el Banco de España relativos a octubre. La cifra de 55.871 millones era la más baja desde mayo de 2003, fecha en la que el total de la eurozona era de 371.000 millones, frente a los 950.000 de la actualidad. Nadie se puede creer a pesar del cataclismo de la depresión, que España haya pasado de tener una cuota de euros en billetes del 15% del total hace diez años, a solamente el 6% actual, aunque entretanto se hayan incorporado al euro algunos países pequeños.

Deberían los bancos centrales, BCE y Banco de España en lo que nos atañe, esforzarse un poco más en la interpretación de las rúbricas monetarias, para dar una explicación razonable a los ciudadanos de lo que pasa con el crecimiento de una partida tan tangible como es el dinero físico.

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